LEYENDA DEL CRESPÍN

El ave sin nido - Leyenda Argentina
El crespín es un ave desconfiada, inquieta y errante que se desplaza por montes, arboledas y matorrales. Su vuelo es lento, y el plumaje le permite “camuflarse” de la mirada de los curiosos. Su canto particular se puede escuchar tanto de día como de noche. Es una de las pocas especies parásitas - que no hacen nido-, sino que aprovechan los nidos de otras aves colocando allí sus huevos
La leyenda del Crespín es una de las más conocidas. Además, y en su honor, esta ave tiene escritas letras del folclore para chacareras, valses y chamamés. La historia de su origen y de su triste su canto, la cuentan en Chaco, Santa Fe y Santiago del Estero, pero también en Catamarca. Había una vez un matrimonio. Él se llamaba Crespín y era un hombre muy responsable que se dedicaba a la siembra, probablemente al cultivo del maíz. A su esposa, que también era trabajadora, le costaba la responsabilidad y tenía cierto gusto por las fiestas y el baile. Un día, el hombre tuvo fiebre, pero de igual manera trabajó porque estaba en temporada de siega. Así pasaron los días y su salud iba desmejorando. Una tarde, cuando llegó a su casa, le pidió a su esposa que fuera al pueblo a comprarle medicamentos. La mujer fue inmediatamente, caminó varias horas hasta llegar al lugar, y compró el remedio. Pero, cuando iniciaba el regreso, se encontró con que estaban preparando una fiesta para todos en el pueblo. Se quedó, ayudó con los preparativos y comenzó a bailar olvidándose de todo. Así, pasaron tres días. Un vecino fue a buscarla y le dijo que su marido estaba agonizando. Ella no lo escuchó y le dijo que ya habría tiempo para las tristezas. Cuando el festejo concluyó, tomó los medicamentos y regresó a su casa. Su esposo había muerto dos días antes y los vecinos lo habían enterrado. Ella no supo y comenzó a llamarlo -“Crespín, Crespín”, gritaba adentro de la casa. Al no tener respuesta salió al campo y siguió llamándolo mientras caminaba por el maizal -“Crespín, Crespín”. Agotada y sin saber dónde podía estar su marido, le pidió a Dios que le de alas para poder elevarse y tener un mejor panorama para buscarlo. Fue convertida en ave y desde entonces llama a su esposo de día y de noche, con una voz triste, casi un lamento, esperando encontrarlo.

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