PEGASO

Mitología Griega
En la mitología griega, Pegaso es un caballo alado. Fue el primer caballo que llegó a estar entre los dioses. Pegaso era el caballo de Zeus, quien lo llevó al Olimpo y mandó construir para él un establo al lado de la bodega de los rayos. Junto con sus hermanos Crisaor y Celeris o Cílaro, que según la mitología latina no era su hermano sino su hijo, nació de la sangre derramada por Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza. Esta era una de las tres hermanas Gorgonas: las otras eran Esteno y Euríale. Suele representarse en blanco o negro y tiene dos alas que le permiten volar. Una característica de su vuelo es que cuando lo realiza, mueve las patas como si en realidad estuviera corriendo por el aire. Aunque la afirmación más extendida incluso entre los especialistas1​ es que las fuentes clásicas nunca presentan a Perseo montado a lomos de Pegaso, puesto que volaba gracias a las sandalias aladas que le había obsequiado Hermes, lo cierto es que esta asociación se produjo ya en la Antigüedad, y probablemente en fechas tan tempranas como la época arcaica, puesto que Hesíodo aplica a Perseo el epíteto "jinete"2​ y Ovidio afirma inequívocamente que cabalgó "sobre un caballo con alas".3​ Es más, las primeras representaciones plásticas de Pegaso montado por Perseo pertenecen igualmente a la Antigüedad, pues una placa de terracota melia del siglo V a. C. muestra al héroe con la cabeza de Medusa y a lomos de un caballo que, si bien no lleva alas, debe identificarse con Pegaso, dado que en otra placa melia Belerofonte también cabalga sobre un caballo no alado Pegaso aparece relacionado fundamentalmente con el héroe Belerofonte, quien a lomos del equino alado logró dar muerte a la Quimera, bestia de múltiples cabezas (entre ellas una de león y otra de cabra) que asolaba los territorios de Licia. Gracias a este corcel, Belerofonte consiguió obtener igualmente una victoria sobre las Amazonas. Belerofonte encarna el defecto de la excesiva ambición o hibris. Cuando por fin consigue domar a Pegaso, no contento con esto lo obligó a llevarlo al Olimpo para convertirse en un dios; pero Zeus, molesto por su osadía, envió a un insignificante mosquito para que picase el lomo de Pegaso y precipitase al vacío a Belerofonte sin matarlo, quedando así lisiado y condenado a vagar apartado del resto del mundo toda su vida, recordando su gloria pasada. La leyenda de Pegaso puede haber influido en la formación de la figura de Buraq en la tradición islámica. Es uno de los equinos más célebres de la literatura junto con Rocinante (caballo de Don Quijote de la Mancha), Babieca (el de El Cid), Bucéfalo (el de Alejandro Magno) y el caballo de Troya.

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