EL NIÑO DE TENERIFE

Milagro de San Martìn de Porres
Muchos milagros se le atribuyen a San Martìn de Porres. Dos de ellos fueron los que lo llevaron a los Altares. Para su canonización, la Sagrada Congregación de Ritos también aceptó dos casos. El primero de ellos ocurrió en 1948 en Paraguay: a una anciana de 89 años le dieron pocas horas de vida luego de sufrir un infarto. Su hija, que estaba en Buenos Aires, rezaba a San Martìn de Porres por la salud su madre. La familia inició los arreglos de su funeral, pero al día siguiente despertó milagrosamente sana
Finalmente, en Tenerife, en 1956, un niño de nombre Antonio Cabrera Pérez estaba a punto de perder su pierna izquierda debido a una gangrena. Un amigo de la familia entregó una reliquia y una imagen de Martín de Porres a la madre. Ella pasó ambos objetos por encima de la pierna del menor y rezó para que no la perdiera. Al cabo de dos días, esta volvió a su estado natural. …En el año 1956, tiene lugar un prodigio debido a Martín. Un muchacho de poco más de cuatro años de edad, de Tenerife, recibe un golpe en el pie producido por un bloque de cemento de treinta kilos de peso. Prácticamente el pie queda deshecho y el estado de herido es de cuidado. Aparece la gangrena y no la pueden detener los médicos que asisten a Antonio Cabrera Pérez, que así se llama el muchacho. La amputación se hace necesaria a juicio de cuatro facultativos a quienes se consulta el caso. Pero he aquí que la familia vuelve los ojos a San Martín de Porres, aplican al pie deshecho una imagen del Santo y el 1 de Setiembre en la noche, desaparece la gangrena y la cicatrización se inicia normalmente. Todos quedan estupefactos y el milagro parece patente…” En el verano del 2017, debido a una cruel enfermedad, Antonio Cabrera Pérez Camacho, nos dijo adió definitivamente.
Probablemente la leyenda de su niñez, esta vez se hizo realidad, quizá el ermitaño dominico de color procedente de Lima (Perú), patrón universal de la paz. Conocido también como "el Santo de La Escoba" por ser representado con una “ESCOBA” en la mano como símbolo de su humildad, se lo llevó a la gloria eterna.

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