Leyenda de Guadalajara, México
La leyenda de la Casa de los Perros en Guadalajara se centra en la historia de Jesús Flores Arriola y su joven viuda, Ana González Rubio, quienes se casaron y mandaron a hacer esculturas de perros en su casa. Tras la muerte de Jesús, se dice que Ana se casó apresuradamente con el mayordomo de la casa, José Cuervo, y que el espíritu de su difunto esposo comenzó a manifestarse en la propiedad, acompañada de fenómenos paranormales y la creencia de que las estatuas de los perros cobran vida para vigilar la casa por las noches.
Jesús Flores Arriola, Un rico comerciante de café que mandó a construir la casa y las estatuas de los perros. Ana González Rubio. la joven viuda de Jesús Flores, quien, según la leyenda, no cumplió la promesa de rezar un rosario por el alma de su esposo tras su muerte. José Cuervo, el mayordomo de la casa, con quien Ana se casa después de la muerte de su esposo.
Se dice que en el interior se han presentado fenómenos como objetos que se caen solos y ruidos extraños, atribuidos al espíritu en pena de Jesús Flores. La leyenda dice que las dos estatuas de perros en la entrada cobran vida por las noches, vigilando la propiedad y ahuyentando a los intrusos. Una creencia es que quien rece un rosario a medianoche en la casa, con una vela encendida, recibirá las escrituras del lugar. Sin embargo, se dice que una voz de ultratumba responde a los rezos.
Originalmente, la casa fue la primera imprenta de Guadalajara y en ella se imprimió el periódico El Despertador Americano. Actualmente, la Casa de los Perros es el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas.

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